8 de marzo de 2012

Hoy es día de la mujer. No soy de los que se alegran celebrándolo, pues las mujeres a pesar de haber ganado ciertos derechos en el siglo XX, siguen tanto o más agraviadas que en el siglo XIX. Me parece un simulacro de celebración al estilo "día de la familia", "día del amor y la amistad". Así que quienes realmente gusten homenajearlas, tienen otros 364 días para hacerlo.

A.

México Tenochtitlan
Marzo de 2012



28 de febrero de 2012


Recuerdo a esa mujer. Por las noches se trasnformaba en cuervo y dependiendo de su estado de ánimo en sierra eléctrica, guitarra acústica o llave de cruz. 
Esa mujer me torturaba como cama de clavos con sus pétalos de rosa y luego se echaba a volar como murciélago en el día después de tragarse mi sangre de petróleo. 
Esa mujer era un pescado que me atrapaba con sus anzuelos cuando andaba yo de pájaro. 
Arrumbado en el desván, me agarró de su juguete olvidado y yo disfrutaba de esa mujer-jaula-espejo que me dominaba tendiéndome la cama. Era una aspiradora que se tragó mis relojes y mis te quiero de hospital para internarme en un manicomnio. Pero me sanó con sus heridas invisibles y se desvió del camino fácil sobrevolando la zona en mi avión de papel que no utilizó más cuando se transformó en una nube. Me llovió sobre mojado en la ciudad que descubrimos allá por 1520 pero se fue en forma de ola sin decirme adiós con tantas manos que tenía esa mujer pulpo. Me dejó como el solo de violín, con una orquesta New Age de fondo. Y aunque era un cuervo por las noches, cuando pensaba en ella siempre era La Mujer.

"Mujer llorando" - Picasso

27 de febrero de 2012

Si hubiera justicia en este mundo
los enamorados como tú y yo
no creeríamos en el amor tan sólo
seríamos como los murciélagos sedientos y solidarios,
locos por dormir de cabeza y besos de sangre tibia
como un par de cavernícolas en la época paleolítica
abrazados bajo una cueva, arropados de la lluvia
por algo de fuego recién parido
como un par de cerdos idólatras de nada,
piratas borrachos que se dirigen al fin del mundo.
Como si tú fueras la aureola de la luna
y yo el primer hombre que soñó tocarte la piel
a pesar del traje de astronauta.
Así, como los amantes de la feria,
los adolescentes del cine
los indígenas en el parque,
como dos perros en la avenida que no saben
que existe eso del sur.
Como el indigente ama sus pies, los usa
y no los ha visto en años.
Amarnos como el trío que somos los dos,
como el zócalo lleno por ti y por mí,
como el universo cuando somos casi todo.
Amarnos como si esa palabra no hiciera falta,
y marcarra error el corrector de ortografía.
Despojados de todo, robados, humillados por los besos;
rojos y congelados haciendo el amor para conocer la noche,
coincdiendo en tonterías y deseos
llamándonos yo desde tus ojos, y tú desde mis oídos,
echados a perder y sin antifaces
decididos a ser un punto en el espacio,
desgarrados de la voz pero llenos de poesía
como un acorde rebelde y desangrado en un concierto
lejos de la dirección correcta y la verdad,
tartamudeando los besos. Equívocos de todo,
transgrediendo la belleza del amor
y haciendo de cuenta que es la única justicia
que le queda a este planeta.

19 de septiembre de 2011



Alta Traición
No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.
José Emilio Pacheco



Mi patriotismo es un sueño, una gran dualidad, una ilusión que se ha ido esfumando como la infancia.
Esta mañana del 16 de septiembre, un montón de niños despeinados asomaban sus manitas a través de un puente saludando a los soldados que desfilaban rumbo a los festejos de la independencia mexicana. En ojos hipnotizados de uno de los niños podía contemplarme yo mismo.
Mi recuerdo más remoto de una fecha similar, es una noche del 15 de septiembre de 1991-92. Mi padre me llevó a presenciar "el grito". El zócalo negro como un abismo, lo recuerdo a mi manera: esa plaza recién bañada por la lluvia y por soundtrack los mariachis. Luces artificiales y gente de todos colores gritando viva esto, viva lo otro. Mi raciocinio no estipulaba el valor que eso tenía. Ese orgullo de ser mexicano, cobraba sentido para mi padre que había leído a Eric Hobsbawm y otros tantos, pero mi patria a los escasos 5 años, era brincar de un charco a otro y mirar asombrado esos borrachos con un sombrero de charro con y leyenda "VIVA MÉXICO CABRONES". Nos recuerdo al final de aquella noche huyendo de la nueva lluvia. Mi padre improvisó un impermeable de hule que yo no quería ponerme: ándale, póntelo porque te vas a enfermar, es igual que la capa de Batman. Sabio mi padre, atinó a resignificar el sentido de andar saltando los charcos de la gran Tenochtitlan. Y yo, armado del conocimiento de que esa capa era como la de Batman, disfruté la noche como ninguna anterior.
Así recordé que la ilusión es más grande que la conciencia, y donde esos niños del puente encontraban héroes de películas holleywoodenses, yo sólo veía asesinos: hombres formateados que perdieron todo resquicio de inocencia humillados en el cuartel. Por sus ojos ha pasado una vida que nadie desearía juzgar si buena o mala. Yo desde sus botas no tendría el valor de corresponder con una mano el saludo a esos niños desmañanados y con la otra sostener un arma. Pregúntales lo que hicieron en Juárez, en Monterrey, en Guerrero. Con qué descaro pueden salir a la calle sin que la conciencia les torture el alma y con qué dignidad pueden sostener la mirada de esos niños sabiendo que otros niños ya no podrán salir al puente ningún septiembre tricolor. Ellos conocen al Gran Jefe, lo han visto en televisión una noche atrás sacudiendo la bandera con una ira asible y la vena de la frente reventando de coraje, gritando ¡viva Hidalgo! -el mismo que 200 años atrás gritara ¡Muera el mal gobierno!-, ¡Viva Morelos! -el mismo que fuera asesinado como un perro y su cabeza exhibida en las calles por otros iracundos-, ¡Viva la patria!, y la patria moribunda se desmorona herida por sus balas.
Cómo aceptar que la escena de aquellos niños saludando a los soldados era una buena noticia. Tolerarlo sería traicionarme y traicionar a mi padre que leyó a Hobsbawm, y a mis maestros de la infancia, al albañil que mandó a su hijo a la escuela sin más que una bendición, traicionaría al hombre de bien, a Morelos, a Pancho Villa, al obrero con las rodillas destrozadas, al mar de Cortés, a la gran ciudad, y traicionaría al pequeño Batman que brincaba los charcos dotado de superpoderes. Ellos sí que son mi patria, y mi orgullo se alimenta más de sus memorias que de la bandera -ese harapo tricolor en cuyo nombre se ha traicionado tanto-, del himno nacional, sonata bélica y cruel que nunca entonaría más orgulloso que el claro de Luna de Beethoven.
Qué sabor a miel da el saber que mi lábaro patrio es el canto de una cigarra y mi himno es el ruidito de las olas del Pacífico estrellándose en las costas de Oaxaca, y mi bandera es el telar de la noche constelada que una vez vi recostado en Michoacán; y esa señora que se despierta a las 3 de la mañana. El arquitecto, la sonrisa de esos bosques mutilados, aquél sujeto que con el trabajo de una vida puede pasearse en un BMW, la secretaria entaconada del metro, ese Batman miniatura, ese hombre que cruza la frontera, ese ranchero sonorense, ese negrito de Costa Chica, ese barrio chino... esa mirada onírica de un niño en el puente saludando a un soldado es mi patria íntima y de eso sí que estoy tan orgulloso.


Apizaco, Tlaxcala, México
17 de septiembre de 2011
Adolfo Ramírez
Ilustración de Justo Cascante III ( http://blogvecindad.com/nino-batman/ )

16 de mayo de 2011

No son balas...
son cohetes.
No son botas marchando,
son truenos
Eso no es humo,
es niebla
y esos son árboles,
no soldados.
No, no huele a pólvora,
sino a jazmín.
Tu padre se fue a la guerra,
no a la ciudad
y murió por la patria,
no nos abandonó
Yo no lloro,
nomás lo extraño.
Esto no es un río...
es tu cuna.

¡Julia!
Eso no es tu hijo
¡Es un muñeco!
¡Oh! Tu hermana está loca, Javier.

No, papá...
No está loca,
está muerta.


Hoy, cumpleaños de mi escritor favorito, Juan Rulfo, quiero dejarles un homenaje que el chorero y blablablero Mauricio Jiménez Morocco ha preparado hace un tiempo con respecto a Pedro Páramo.

13 de abril de 2011

10 de marzo de 2011

Evito cuanto puedo la felicidad, porque cuando la busco, me topo indudablemente con la melancolía.
¿Les ha pasado? ¿Nunca han estado tan acostumbrados a lo oscuro que cuando ven una lucesita, una luciérnaga diminuta, parece mentira? Cuando tocó a la puerta felicidad, no la reconocía, ni ella a mí tampoco.



Me han encontrado todas tus balas perdidas
perdiendo el tiempo con náufragos
y brújulas descompuestas

Me han hallado, lleno de llano
tus anzuelos oxidados,
tus redes rotas me toparon atrapando estrellas
muertas que todavía brillan.

Tus jaulas viejas me hallaron
ensayando para espantapájaros
a dieta de alpiste, despistado

Tu callejón sin salida
me enseñó a trepar los tejados
a maullar a la madrugada y conocer
otras seis vidas lejos de esta descompuesta
donde andaba resucitando difuntos necios.

La marea mareó tu botella al mar
mandándola a mis manos
que manejaban un náufrago olvidado
Ningún mensaje habías dejado
Y en la costa el foco del faro fundido
me llevó a tus olas,
yo que venía de dos adioses

me atraparon tus trampas olvidadas
tus mapas del tesoro dieron con mi cofre vacío
tu vicio me rehabilitó en dos días
y así me han encontrado todas tus balas perdidas.

16 de febrero de 2011

Mi Violeta es todo menos mía.
Es todo/ menos una violeta
Sus cabellos rubios son lo contrario del violeta;
los viernes me mata pero no llega ni a violenta.
A la mañana, cuando llora bajo el velo en mi velorio
me revive más de la cuenta.

Nunca la violé
nunca mi amor la vio lenta
nunca la atravesaron mis rayos
¡Pero cómo! si ella era casi ultravioleta

cuando me vio aletargado
cuando lenta vio rotos mis espejos
cuando su viento soplaba,
mi veleta la tenía ya lejos

Temo que al percatarme de su violáceo adiós
después del vuelo de sus balazos sabios
de su triste voz de viola
ya no la tenía
ya era de otro beso
el labio letal de Violeta


México Tenochtitlan
Febrero de 2011
Adolfo Ramírez



La Sombra de los perros en "La mancha", Hermosillo. Versión norteñantaño con Mario Cortés "El zurdo". Gracias a mi querida Sandrita Hermosa por tomar el video, subirlo, rolármelo y ser tan buena persona.

13 de enero de 2011


El pasado diciembre estuve en Hermosillo, allí tuvimos algunas presentaciones por bares de la ciudad y en una de ellas la reportera Perla Noriega tuvo la oportunidad de escuchar la propuesta de la Sombra de los perros en un formato algo sui generis. Ella eligió entrevistarme como integrante de la Sombra y a Alexis Sánchez como promotor cultural de la oleada de choreros y roleros del país. Aquí el reportaje agradeciendo de antemano a Perla y Luis.




Luis Gutiérrez galardonado con el Premio de Excelencia la Society for News Design a mejor fotografía bajo la categoría "Single Photo Spot news" con el encabezado "El adiós a los niños". Egresado de la Universidad de Sonora, actualmente fotógrafo de Expreso, ex Colaborador de: Revista Proceso, JAMMEDIA, CuartosCuro y espectáculos DAMMPHOTO.





Contacto con Luis:

29 de diciembre de 2010

Contraversión de un texto maravilloso llamado "Los versos"

I

¿Te acuerdas?
cuando elevábamos cometas con la fuerza de gravedad de los párpados, cuando las resbaladillas y las escaleras se deprimían por nuestra culpa.
Cuando olvidabas tus plumas de gaviota en el buró y yo dejaba mis hélices favoritas y aún así olvidábamos subir al metro por andar con la zuela de los botines a centímetros de la banqueta. Cuando el elevadorista nos corría a gritos porque al marcar la planta baja el aparato se quedaba en el séptimo piso contemplando las nubes despeinadas.

Hasta que un día desayunaste plomo, algunas citas de Newton y un aterrizaje forzozo... algún envidioso nos cobró caro tanto vuelo en tierra prohibida.

II

Pero puedes recordar cuando incendiábamos las cortinas con nuestra humedad, cuando la saliva de los besos hirviendo derretía el acero y las mañanas decembrinas amanecían a cuarenta grados bajo la sombra, los vidrios se empañaban con nuestros espíritus y la casa era un horno adentro y por fuera parecía un iglú: un infierno paradisiaco de farra y ríos de lava.
Tu amor que siempre fue tan frío, amanecía con fiebre todos los días.

Hasta que un día nos corrieron de la estación de bomberos y cada uno fue a dar a su refrigerador favorito.

(...)